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Las riquezas se acaban, pero los libros quedan

Mauro Marino Jiménez 6 septiembre 2021

Cuando pensamos en un libro, una de las últimas cosas que se nos viene a la mente es la idea de tecnología. Sin embargo, su creación ha significado una revolución mucho mayor que la generada por el ciberespacio: por primera vez éramos capaces de transmitir información, ideas, sentimientos y sueños a otro lugar y otra época. El tiempo y el espacio ya no eran impedimentos para contar la sabiduría de un pueblo, para crear universos alternativos, para perfeccionar nuestra imaginación, para registrar los hechos, conjurar nuestros miedos y diseñar un futuro ilimitado.

Cuando regalamos un libro, entregamos mejores palabras que las que podríamos decir en una situación cotidiana. Generamos un momento de intimidad, ante el cual la otra persona disfrutará en la medida en que su imaginación pueda desbordar su propio recipiente. Cuando nos regalan un libro, encontramos un mediador para transmitir nuestros sueños a quien necesita transportarse fuera de los encorsetados protocolos sociales. Al compartir una lectura, o conversar sobre ella, nos hacemos cómplices de un significado compartido bajo la luz de una lámpara y el cobijo de quien, gracias a su escritura, pudo viajar y animar nuestro refugio.

El libro no solo ha sabido instalarse como un huésped dilecto de nuestras estanterías. También aparece como el álbum de fotos de nuestros viajes por el mundo de las ideas. Ya sea cuando un visitante recorre los lomos y hojea algún título que captura su imaginación; o a través de sesiones de videoconferencia, en la que nuestras espaldas se ven rodeadas de testimonios de una soledad bien aprovechada. Aunque el libro es una compañía discreta y sutil, sabe expandirse si lo convocamos con aprecio, curiosidad y naturalidad. Cuando Federico García Lorca celebró la fundación de la primera biblioteca de su provincia, declaró que la pobreza (la exterior y la interior) no solo se combate con el alimento o el dinero. El saber, la imaginación y el conocimiento que proveen o estimulan los libros son una fuente inagotable de riqueza, la cual tiene una gran ventaja frente a la material: vale más cuanto más se transmite, comparte y crea. Un libro estimula la gravitación por donde circulan las infinitas posibilidades de hombres y mujeres. Advierte el camino que se ha gestado en la humanidad hasta nuestro tiempo y traza los caminos de nuestro futuro como dedos por el mapa de nuestros mejores horizontes.

Categoría: Carrera de Comunicaciones

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Mauro Marino Jiménez

Doctor en Filología por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED, España). Actualmente trabaja como docente a tiempo completo en la Universidad San Ignacio de Loyola, escribe libros de creación literaria, desarrolla investigaciones interdisciplinarias y promueve la creación de productos culturales.

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